Febrero de sortear curvas y acelerar

¡Buenos días, lectorxs!

El mes más corto ya se ha marchado e, irónicamente, es el mes en el que más he podido dedicarme a la escritura como hacía tiempo que no podía. Y no sabéis el alivio que me proporciona esto, pues hace un año, también en febrero, me bloqueé con el manuscrito -muy avanzado- de Sorgina y tuve que reescribirlo casi por completo. Quiero pensar que este es un punto decesivo, en el que si no he tirado la toalla es porque definitivamente estamos avanzando por el camino correcto. 

 

Sorgina 

¿El secreto de haber podido dedicarme tanto a la escritura? Obviamente, dos semanas de vacaciones. Vacaciones en las que me he dedicado a escribir como una bestia famélica.

¿Eso significa que todo ha fluido como la seda? Ni lo más mínimo. 

Tengo que confesar que, tras los primeros días de este "retiro", he estado a punto de volver a pegar la patada a Sorgina. Por completo. De pronto, me parecía que todo iba mal. Que el camino por el que iba era ridículo, sin ningún otro sentido que en mi cabeza parecía un bloque imprescindible e inevitable, pero que no por ello tenía mayor solidez. Incluso, el primer arco que yo había considerado no hace mucho que estaba bastante pulido y establecido, empecé a decirme que ni siquiera merecía la pena mantenerlo. 

Durante toda una mañana, mi cabeza fue como un enjambre de abejas furiosas. Ellas estaban tan tranquilas, trabajando en su colmena en paz, hasta que llegué con intenciones de remodelarlo todo y se cabrearon. Y es completamente comprensible. 

Me sentía como mi yo adolescente. Cuando, año tras año, escribía un libro entero con una versión diferente de la historia de Kayla y Floyd. Los escribía en verano, en cuanto me daban las vacaciones del instituto y, para cuando lo terminaba, tocaba volver a las clases. A la rutina en la que me dedicaba a pensar en clase en lo que ya había escrito y cómo podría hacerlo mejor, cómo hacerlo más emocionante. Para cuando llegaba el siguiente verano y podía dedicarme a "reescribir", empezaba una novela completamente nueva y diferente con mis niños en cabeza. 

Así es como Noroi se forjó a lo largo de mi adolescencia, con un borrador tras otro, tras otro, tras otro... Y con Sorgina estoy teniendo déjà vu de esos lejanos tiempos. Porque, a lo tonto, llevo casi dos años trabajando en ello, en mente y en escrito, y todavía corro el riesgo de empezar de nuevo.

Lo importante, sin embargo, es que esta vez perseveré. Tengo que admitir que no fue mi propia voluntad la que me hizo mantener posición. La verdad es que mi suerte es tener una hermana que devora mi trabajo de años en horas (o minutos). 

Cuando terminé de revisar el primer arco de Sorgina, se lo envié a mi hermana para que me diera su impresión. Ella siempre ha leído (al menos una vez) todos los libros he escrito. Incluso leyó más de uno de esos lejanos borradores de Noroi con una paciencia increíble. Si bien en esta ocasión quiso releerse Noroi y Helhest antes de ir con ese primer arco, en unas dos semanas escasas se leyó absolutamente todo. (Véase aquí lo que opino de esta clase de lectorxs)

Hay que tener en cuenta de que soy una persona a la que cada vez que le dan un cumplido, no se lo cree. Es que me da igual cómo de sincero estés siendo, que no me lo creo. Y punto. Así que que en el momento en el que estaba dudando de si tirar todo mi trabajo a la basura, mi hermana me escribiera diciendo que ese primer arco está perfecto (aunque mencionó algunas cosas en las que pensar para cambiar) y que le dé más YA, definitivamente no me lo creí. Pero, aun sin creerme que fuera "perfecto", hizo que lo revalorara bajo otra luz. Una luz más fresca y menos contaminada por mi necesidad de perfección y de autosuperación. Porque, aunque en medio de esa crisis me había olvidado, realmente había disfrutado escribiendo y revisando esa primera parte. Si volvía a escribirlo todo desde cero, no había ninguna garantía de que fuera a ser mejor, porque no tenía ni idea de cómo continuar de otra forma que la que ya había escrito. Porque esa es la historia. Y ya no sé cuántas veces he reescrito ese primer arco, pero al terminar de leerla fue la primera vez que sentí que, al fin, lo había conseguido.

Así que seguí. Reescribí prácticamente de cero los dos capítulos que había escrito de ese segundo arco y seguí por otro camino diferente que era más sólido y con el que me sentía mucho más segura, aunque no fuera lo que tanto tiempo había imaginado. Entonces, y solo entonces, es cuando me puse a escribir como si me quemaran los dedos.

A sabiendas de que he esquivado por los pelos una vez más el corte de mi autocensura, vengo aquí orgullosa a decir que actualmente tengo el manuscrito de Sorgina escrito por la mitad. Ha sido un trabajo arduo y, por supuesto, todavía lo va a ser, pero estoy en la mitad. Tengo unas ganas locas de decir que he terminado, pero no voy a pecar de impaciente. 

Para terminar con este tema, en medio de estos bloqueos, me he dedicado a hacer algo que me suele descongestionar un poco o darme más seguridad a la hora de escribir: ver vídeos de chicas hablando de libros y de escribir. En particular, Abbie EmmonsThe Book Leo. Hay una cosa que se me ha quedado bastante clavada de uno de los vídeos de Abbie, lo que ella denomina "El método de la escalera". Imagina que estás subiendo una escalera por la noche, con solo una linterna alumbrando los siguientes 3-4 escalones. Quizá eres una persona que necesita ver exactamente cada escalón que lleva hasta el final, pero también es posible que ver absolutamente todo te distraiga de los escalones que tienes justo en frente y, si te descuidas, te los vas a comer antes de que consigas alcanzar la cima. Personalmente, soy una persona que necesita saber el final de sus obras y siempre lo sé antes de empezar a escribir. Pero cómo llego hasta allí es territorio desconocido, un concepto vago que no se materializa hasta que no me siento a escribirlo. La verdad es que últimamente me ha estado agobiando el "pero ahora viene esta parte que no tengo ni idea de cómo la voy a desarrollar, y después esta, y después la otra...". A veces me ponía a hacer pequeños esquemas de lo que me quedaba hasta el final... y a continuación procedía a perder interés en esa rama y hacía algo completamente diferente, si es que no me deprimía y entraba en bloqueo porque, de pronto, lo que me parecía una buena idea, había perdido su brillo. Ahora, cuando me abruma el no saber qué va a pasar en la otra mitad del libro con exactitud, pienso en esa escalera, en que solo necesito saber lo que va a pasar a continuación y todo lo demás vendrá más adelante. Un pequeño "truco" para seguir adelante a pesar de ti misma.

 

¡Y esto ha sido un poco la charla de este febrero! Os dejo por aquí la nueva cubierta de Noroi, la cual me tiene enamoradísima. (Ya estamos trabajando en la siguiente, obviamente, y todavía no he visto ni un boceto, pero sé que va a ser... muy loca ;) ) 

¡Hasta el siguiente mes y gracias siempre por leer! 

 


Comentarios

Entradas populares