Un marzo de aprender a dejar marchar
Este marzo ha terminado siendo un mes obscenamente largo, doloroso y (sorprendentemente) productivo. En el ámbito personal, he estado hecha una auténtica mierda. [Se viene story-time que nada tiene que ver con la escritura]:
Si lleváis por aquí un tiempo, sabréis que rara vez no estoy metida en cosas de animales (en los últimos años, sobre todo, con gatos). Hace unos 5 meses, mi madre recogió a un gatillo de la calle que estaba hecho un asco. Conjuntivitis y una neumonía terrible. Le tuve en mi cuidado, le hospitalizamos, y creíamos que iba a morir.
En una de las visitas al hospital veterinario, cuando me notificaron que ningún tratamiento estaba funcionando y que sus niveles de infección rozaban la muerte, lo cogí en mi regazo y le dije que tenía que sobrevivir para que me rompiera la cabeza buscándole casa (tengo ya a 4 a mi nombre, 1 al de mi pareja). Y él estaba muy malo, las veterinarias hablaban de él como quien habla de un moribundo en fase terminal. Pero el muy cabrón sobrevivió. Leónidas, le había llamado (por su manía de maullar con un interminable "au, au, au"). Así que volvió a casa y, cumpliendo mi parte del trato, empecé a buscarle un hogar.
Durante 5 meses no salió nada decente. Solo gente que quería un gato para tenerlo en una finca, sin cuidado alguno, solo como herramienta para librarte de los ratones y, cuando se muera/desaparezca, buscarse otro. No iba a aceptar algo así. Ya no solo porque me había dejado un sueldo en veterinarios con él, sino porque para dárselo a alguien que no le iba a garantizar una buena vida prefería quedarmelo (para desespero de mi pareja). Y, después de esos 5 meses, desde luego que quería quedármelo. Estaba enamoradita de él, y se había integrado en mi "pequeña" camada de gatos. Pero salió una oportunidad. Una buena oportunidad, donde tendría otro compañero, un buen patio en el que tomar el aire y echarse al sol, y una familia que se preocuparía por él. Aunque todo mi ser se negaba a aceptar dejarlo ir, tuve que seguir adelante. Porque son muchos gatos. Porque en cualquier momento mi madre aparecerá con otro que necesite cuidados y no me los puedo quedar a todos (por desgracia). Y porque tengo que aprender a dejarlos marchar, aunque me destroce por dentro.
Ya han pasado casi tres semanas. He ido a visitarle un par de veces y me pasan fotos, vídeos y reportes de él cada día. Me he sentido terriblemente egoísta al ansiar que él no se adaptara, que volviera a casa y se acabara esto de darle en adopción. No me ayudó que durante la primera semana él apenas comiera, con un montón de ansiedad, superesquivo y completamente antisocial, ni que las únicas veces en las que era feliz fueran cuando yo iba a verle. Si su nueva familia no hubiera sido persistente, insistiendo en intentarlo un poco más, yo me lo habría traído de vuelta al segundo día. No voy a decir que no me siga doliendo, porque es mentira. Pero ahora estoy... resignada, y aliviada. Porque Leónidas sí que necesitaba un poquito más de tiempo. Porque, por primera vez, le he visto ser acariciado por alguien que no era yo, jugando con otros gatos que no eran mis naranjitos. Y todavía le quedará bastante para sentirse completamente en casa..., pero lo va a conseguir. Leónidas va a estar bien. Sin mí.
Esto me ha hecho darme cuenta de lo desgarrador que me resulta dejar ir a los animales con los que tengo un vínculo, aunque sea para que vayan a un buen hogar. De que, como casa de acogida, no valgo. Y de que ya he perdido a muchos seres queridos como para soportar que se vayan por mi propia voluntad. De hecho, la última gata que adopté, mi peque Shina, también tendría que haberla dado en adopción. Al menos, eso es lo que me repetí tanto que acabé llorando en los brazos de la veterinaria porque no quería dejarla ir. Y, al final, no fui capaz. No pude darla en adopción. Me siento débil en ese sentido..., pero, al mismo tiempo, qué feliz soy en mi debilidad.
Ay..., en fin. Después de desahogarme de esta enorme herida que todavía pesa en mi respiración..., va, os voy a contar un poquito de cómo va Sorgina:
Sorgina
En términos de escritura, puedo decir con gran alegría que el segundo arco de Sorgina está escrito. ¡Olé!
La verdad es que este arco, una vez le he pillado el ritmo (lo cual, al principio, fue horrible), me ha salido fluído de narices. Por supuesto, hay unas cuantas cosas que tengo que cambiar, y eso es a lo que me voy a dedicar en abril: ha reescribir ese segundo arco. Hice ese proceso también al terminar el primer arco y quedé bastante satisfecha al asentar mejor las bases de esa parte para continuar con más seguridad. Ahora me estoy dando una semana para descansar, obligándome a mantenerme lejos del manuscrito (uf, qué mal lo estoy pasando), y así volver con una perpectiva más fresca.
Ahora bien, al ir terminando este arco y empezar a plantearme cómo desarrollar el tercero y último de la novela..., me di cuenta de que era imposible. Es imposible llegar al final de la novela en un único arco desde el punto en el que lo he dejado. Y este es un problema que he ido arrastrando desde que empecé a escribir Sorgina. Cuando llegaba a este momento, en el que enfrentarme a los eventos finales, me quedaba bloqueada. Sentía que ocurrían cosas porque sí, demasiado deprisa, sin sentido. Y no veía la forma de hacerlo de otra forma.
Hay veces en los que la respuesta es demasiado rebuscada, demasiado compleja de alcanzar por uno mismo. Esta no lo fue; el único problema era que yo estaba demasiado empeñada en hacer otro Noroi (en términos de longitud) como para aceptar que cada libro tiene su propio espacio. Eso, y que me temo que estoy ante otro monstruo como Helhest.
Así que, cuando termine la reescritura del segundo arco, me pondré con la escritura del tercer, y penúltimo, arco de Sorgina. Sí, después de que el CC (Consejo Cerebral) lo discutiera largo y tendido, se aprobó la creación de un nuevo arco en esta novela. Y la verdad es que estoy bastante contenta por ello. Al escribir Helhest, sentí que en el medio aceleraba demasiado (me quedé con ganas de demorarme bastante más en la cala con Kayla y Cù Shin...) porque el libro iba a ser TAN largo que no podía regodearme en algo que no fuera "vital" para la novela. Me arrepiento de ello, la verdad, y por ello me niego a cometer el mismo error con Sorgina. Quiero revolcarme en esta novela y en este preciso momento en el que están los personajes. A ver si, cuando termine, consigo que esté a la altura de Helhest (que para mí es lo mejorcito que he publicado).
Y esto habría sido el resumen resumido del mes. La verdad es que estar acompañada por mis personajes favoritos y poder, de alguna manera, canalizar todo este dolor en algo creativo es lo que muchos días me hace seguir adelante.
Abril será un mes en el que, en principio, tendré que trabajar un montón (los festivos son mis laborales), pero voy a intentar completar la reescritura del segundo arco en ese tiempo. Si sigo con este ritmo (lo cual nunca es algo seguro), para octubre-noviembre yo creo que tendría la novela escrita por completo. Mis previsiones y mis deseos son que pueda sacarlo para principios de año, quizá febrero o marzo. No me voy a meter ninguna prisa por llegar a esas metas, pero ahora mismo me parecen bastante factibles. Ya iremos viendo cómo van transcurriendo las cosas con el tiempo.
Gracias, como siempre, por acompañarme un mes más y por leer. ¡Nos vemos en abril!
.png)
Comentarios
Publicar un comentario