Cambiando los vientos en enero


¡Buenos días, lectorxs!

Este enero se ha hecho larguísimo, tanto para bien como para mal. Comienza un nuevo año con todas sus promesas y sus objetivos. Para mí ha sido un mes... contundente. Así que mejor ponte cómodx y vamos a hablar sobre lo que se ha tenido que quedar atrás para avanzar hoy.

 

Sorgina: acto I

 

Llegados a este punto, me he tenido que poner seria. No es coincidencia que desde que saqué Helhest no haya sido capaz de conectar como solía hacer a la hora de escribir una novela. Podía sacarlo adelante poco a poco, desconectada, guiada por el hilo conductor..., pero no estaba sintiendo la historia. Echaba de menos tener esa sensación de inmersión total. Y, en cuanto me pregunté qué había cambiado desde entonces, lo tuve muy claro: el trabajo.

He tenido el privilegio de tener una familia que me ha mantenido mientras me metía en la universidad y durante dos años en los que me dediqué a tiempo completo a escribir (en los que escribí Noroi y Helhest). Sin embargo, llega un punto en el que una necesita independencia económica. Y acallar esas voces, tanto externas como internas, que no dejan de repetir que tienes que empezar a cotizar. Por aquel entonces, me dije que cuando publicara Helhest buscaría un trabajo vitalicio. Aunque hay algunos trabajos que, por concepto, me han llamado (bibliotecaria, editora, traductora, etc.), la verdad es que me conformo con estar en un sitio en el que esté a gusto y que me deje tiempo y energías de sobra para seguir escribiendo.

Tuve la enorme suerte de que, cuando ya estaba en los últimos pasos de la publicación de Helhest, una prima me dijo que estaban buscando gente en su trabajo, que se pagaba bien y eran pocas horas. Así que, en cuanto publiqué Helhest, mandé mi currículum y así es como empecé a ganarme la vida bebiendo vino y fingiendo que sé algo sobre él (spoiler: no).

Mi prima no me había engañado. Son pocas horas, de normal voy a trabajar entre 3 y 4 días a la semana a trabajar, y la mayoría solo por la mañana. Eso me dejaba con muchísimo tiempo para seguir escribiendo, ¿verdad? Pues, al parecer, no.

El problema es que me volví demasiado laxa conmigo misma. Solo escribía los días en los que no trabajaba, y solo por las mañanas. Entre que algunos días me ponía a procastinar, o a hacer posts para instagram, o que tardaba en conectar con la escena y escribía más bien poco, y luego que quizá me pasaba 3-4 días trabajando de seguido y eran días en los que no tocaba en manuscrito en absoluto... Digamos que era imposible que me sumergiera en la historia. Que la sintiera como solía hacerlo cuando me dedicaba día tras día al manuscrito.

Esta es una rutina que he estado manteniendo durante año y medio. Año y medio en el que me he estado frustrando porque no era capaz de escribir nada nuevo que mereciera la pena conservar. Año y medio en el que lo único que podía hacer era corregir y revisar; de ahí que mi única publicación de 2025 haya sido Hope.

Soy una escritora que necesita tener una experiencia inmersiva a la hora de escribir. Necesito palpar, oler y mojarme en la historia. Así que, como mencioné, me tuve que poner seria. Quiero terminar de escribir Sorgina este año. Y quiero que sea un gran libro. 

Por lo tanto, he reestructurado mi rutina. Este enero he trabajado en el manuscrito durante las mañanas y tardes que no tenía que ir a currar. Luego, los días en los que solo tenía que trabajar por las mañanas, al regresar a casa también le dedicaba al menos un par de horas al manuscrito. Y el cambio en mi cabeza ha sido espectacular. Esa parte de mi mente a la que le encanta perfeccionar y encajar cosas en su tiempo libre ha dejado de martirizarme con nuevas tareas en la tienda de mi puesto de trabajo y se ha dedicado, de nuevo, a arreglar agujeros de guion. De pronto, cada vez que entraba en escena, sabía perfectamente por dónde tenía que moverme y así escuchar mejor a los personajes.

De esta forma, he logrado mi meta para este primer mes del año: terminar de revisar el primer arco de Sorgina. Al principio no sabía si era buena idea dar marcha atrás cuando por fin estaba empezando a volver a fluir a la hora de escribir sobre la hoja en blanco. Ahora sé que fue una buena decisión.

A la espera de que mi hermana se lea ese primer arco (algo en lo que va a tardar un poquito, ya que ha decidido releerse Noroi Helhest antes), estoy bastante segura de que me ha quedado un inicio muy firme con el que continuar la historia sin miedo a que después tenga que rehacerlo todo. 

Estoy bastante orgullosa de haber encontrado el rumbo, la pasión por las letras que hace que estas historias tengan sentido para mí. De verdad que he estado muy perdida, sin saber si podría continuar con la saga, hacerla justicia..., pero ahora tengo la certeza de que este es el año de Sorgina

 

Cambiando de plataforma 

 

Por otro lado, este mes también ha sido un poco de reinventarme. Llevaba tiempo queriendo sacar mis libros de Amazon y, al recibir una invitación para probar su IA de traducción, definitivamente dije que adiós y hasta luego.

Desde el principio me he negado a que Amazon imprima mis libros porque son muy poco transparentes sobre cómo los fabrican y bajo qué condiciones, así que solo tenía que sacarlos de la plataforma en su versión digital. Decidí trasladarlos a Kobo. Llevo años usando esa plataforma como lectora, ya que es donde más libros digitales compro por la sencillez de uso y su flexibidad con otras marcas de e-readers. Por mi parte escritora, me agradó ver que también funcionaba con un sistema de regalías y que cuenta con su propia suscripción mensual para leer los libros de su catálogo. Podría haber buscado más opciones..., pero la verdad es que desde que contemplé la idea del cambio lo tuve bastante claro.

Supongo que no es una decisión sencilla, dado que Amazon parece la plataforma por excelencia de los autopublicados, pero en cuanto tomé la decisión, no vacilé. 

En mis libros siempre meto temas sociales, críticas al sistema, y personajes que desafían a las injusticias con las que convivimos día a día. Me sentiría una hipócrita actuando de la forma más sencilla, formando parte de un monstruo al que no le importa ni la calidad de sus libros ni el coste de la puta IA generativa. Sé que hay mucha gente que todavía (¿en serio, todavía?) no conoce el precio de las IAs ni el peligro de ceder trabajos creativos ante ellas. Me apena ver cómo el arte cada vez se ve más opacado por promts de mierda y gente que se cree muy lista por haberse ahorrado el pagar a un artista para que le haga la portada de su libro. 

Por mi parte, mientras siga en este mundo, seguiré defendiendo el arte 100% humano. La IA puede limpiarme los platos si quiere, pero mis libros los seguiré escribiendo yo, los seguirá traduciendo un traductor, y los seguirá ilustrando una artista. 

Fin.

 

 

 

Y esto sería lo que más me ha calado este enero. Durante febrero ya estoy poniéndome en marcha con la escritura del segundo acto de Sorgina y espero escribir más o menos la mitad de ese arco para finales de mes. A ver qué tal se me da. 

Mil gracias por leer hasta aquí. ¡Nos vemos para el próximo mes! 

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