Un septiembre de tiñosos

¡Buenos días, lectorxs!

Siento que me repito demasiado en estos blogs. Siempre estoy cansada. Siempre se me hace muy cuesta arriba. Siempre siento que el tiempo se escurre entre mis dedos sin que realmente haga gran cosa. La vida siempre me consume hasta que me deja tiritando sobre mis huesos. 

Pero no voy a mentiros: esto es lo hay. 

Este septiembre me he familiarizado bastante con la frustrante forma de vida que es la tiña. Lo trajeron a casa las cuatro bebés gato que alimenté a base de biberones y jeringuillas. De ellas saltó a mis gatos. Y de todos, a mí. Cada mañana y cada noche me paso una media hora echando pomadas, iluminando a gatos con una linterna de luz ultravioleta para observar su lentísimo descenso (y, en los peores días, su repentino avance). Lo peor de todo: tuve que enterrar a una de las gatas bebé. Tenía una especie de enfermedad neurológica que, cuando le daban los brotes, la hacía perder el control de su cuerpo. Las primeras veces que le ocurrió, se consiguió recuperar tras horas en las que estábamos seguras de que moriría. Pero la última vez..., no lo superó. La llamaba Pochita, por esa condición con la que, en cualquier momento, se ponía pochita por muy bien que pareciera estar de normal. Por suerte, sus hermanas no comparten esa enfermedad. 

Así pasan mis días: embadurnando a gatos en pomada, empastillándolos, bañándolos (=cubriendo mis manos y brazos de arañazos), atestiguando cómo la tiña se va de una forma desesperadamente lenta, y cómo luego popea en cualquier otra zona, tirando todos mis esfuerzos por la borda.

Sí..., este mes también estoy muy cansada.

Por suerte (?), a pesar del caos, dos de las bebés ya se han ido adoptadas (¡solo queda una!) y he conseguido que mi rutina vuelva a imponerse. Y sigo trabajando en mi manuscrito.

 

Sorgina 

Contra todo prognóstico, logré revisar el cuarto arco por completo (y el más duro, sin duda). Se lo pasé a mi hermana para que lo leyera, lo cual hizo en menos de tres horas (150 páginas, amiga; esta chica es una salvaje) y... bueno, tuvo sentimientos. Estoy trabajando ya en la revisión del último arco, el cual es el más corto, pero también bastante intenso a nivel emocional (lo que se traduce en que, de nuevo, estoy agradecida de saber mecanografía, porque no veo prácticamente nada mientras escribo/reescribo estas partes). Este octubre, definitivamente, terminaré con la primera revisión... a la que sucederán bastantes más, pero con esta ya se podría decir que tengo un libro. 

No sé si he dicho esto muchas veces o demasiadas pocas..., pero me siento orgullosa de este libro. Y, qué coño, de mí misma, por haber sido capaz de sacarlo adelante a pesar de que tenía todo (es decir: yo) en contra. Soy una persona muy persistente y muchísimas de las cosas que he sacado adelante es gracias a esa tozudez de burro (Platero no es un apellido, es un título). Pero, aunque tenga esa "característica", hay muchísimas cosas que se hacen tan cuesta arriba que parecen imposibles. Sorgina ha sido una de esas cosas y, ahora que está tan cerca de ser una novela con todas sus letras, no puedo dejar de mirar atrás con una pizca de incredulidad de que haya logrado llegar hasta aquí. Pero así es. Así que palmadita en el hombro para mí, supongo.


 

Y eso es todo por este septiembre. Para octubre espero haber terminado esta primera revisión de Sorgina, que mi hermana conozca el final y empezar con la segunda revisión. También espero que, para el siguiente update, la tiña solo sea un mal recuerdo y que, ojalá, esté un poco menos cansada. 

Mientras tanto, espero que tengáis un buen mes. ¡Gracias por leer! 

Comentarios

Entradas populares